El Sistema IZETA · la historia

Por qué construí el Sistema IZETA.

Llevo quince años dándole vueltas a la misma pregunta: ¿por qué suspende gente perfectamente capaz de aprobar? Esta página es la respuesta, contada desde el principio. Te la cuento yo, porque antes de ser un sistema fue una obsesión personal.

Chus Díez · fundador de IZETA

Chus Díez dando clase a opositores de Policía Nacional.

De dónde viene

Todo empezó en la promoción 34, haciendo planificaciones a mano.

Corría 2015 y casi ninguna academia tenía plataforma; nadie trabajaba el arrastre en el estudio. En la academia donde yo estaba entonces empecé a dar seminarios de técnicas de estudio, de reglas mnemotécnicas y de planificación, y acabé haciendo las planificaciones de los alumnos una a una, porque veía repetirse lo mismo cada año: quien llega a una oposición no sabe estudiar. Y no es culpa suya. El sistema educativo español, del Bachillerato a la universidad, premia la tarea corta y la evaluación continua; casi nunca la memorización a largo plazo, que es justo lo que una oposición exige.

En aquellas clases coincidían tres perfiles que se estrellaban contra el mismo muro. El del doble grado, acostumbrado a los ochos y los nueves, que aquí suspendía mientras veía aprobar a gente que venía de la ESO, y esa disonancia le comía por dentro. El que llevaba diez años trabajando desde los 18 y no recordaba cómo se estudiaba. Y el chaval de 18 o 19 con una vocación enorme y ninguna cicatriz todavía.

Lo que más me dolía era ver a gente capaz de aprobar que abandonaba al no ver resultados. Y los resultados no llegaban porque no estaban estudiando bien: echaban horas en sistemas de vueltas que les hacían olvidarlo todo, no sabían hacer un esquema que jerarquizara la información, no analizaban sus errores, no sabían por qué fallaban una pregunta. Trabajaban muchísimo y avanzaban poco, que es la manera más cruel de perder una oposición.

Clase presencial de IZETA con opositores trabajando.

Por qué me obsesiona

Yo he pasado por ahí.

Si esto me obsesiona es porque lo he vivido. A los 18 entré en Derecho y a los tres años lo dejé, convencido de que era tonto y no valía para estudiar. Me pasé otros tres trabajando, sin plantearme siquiera opositar, porque aquello estaba «fuera de mi alcance». Hasta que un día, como un reto conmigo mismo, decidí presentarme a Policía Nacional. Cambié el chip, indagué en técnicas de estudio, leí cómo funciona la memoria y aprobé a la primera.

Aquello me cambió la vida dos veces: me dio la plaza y me dio una obsesión. Me metí en Psicología y me especialicé en neuropsicología de la memoria a largo plazo, hice una investigación sobre el Palacio de la Memoria aplicado a opositores y escribí durante años un blog dedicado casi por completo al estudio. Después me gradué en Derecho —había que quitarse la espinita—, hice un máster en Derecho Penal y otro en Economía, y ahora sigo con el doctorado. Dentro del Cuerpo ascendí a Oficial, y sigo opositando: ahora preparo mi ascenso a Subinspector. Quince años después estudio igual que les pido a mis alumnos que estudien.

  • Policía en activo · Oficial
  • Graduado en Psicología
  • Especialista en neuropsicología de la memoria
  • Graduado en Derecho
  • Máster en Derecho Penal
  • Máster en Economía
  • Doctorando en Economía

El reto de 2022

¿Cómo llevo esto a Galicia, a Ceuta o a Canarias?

En el aula yo podía personalizar de verdad. A mis alumnos presenciales los veía todas las semanas, hablábamos distendidamente en el café, conocía sus dudas y sus notas, y con todo ese contexto sabía de qué pie cojeaba cada uno. Pero había una pregunta que no me dejaba en paz: ¿cómo le doy eso mismo a quien estudia a mil kilómetros de la sede?

Ese fue el reto con el que monté IZETA en 2022, y sigue siendo su motor: que una academia online se convierta en el tutor que mejor te conoce, estés donde estés. Que tu planificación salga de tus datos y de tus necesidades, no de un guion de estudio idéntico para todos ni de un trabajo por sensaciones.

Lo que el sistema ve hoy

Un detalle que en 2015 me habría parecido ciencia ficción.

Hoy IZETA observa cómo estudias de verdad. Cada test que haces y en qué preguntas dudaste o cambiaste de opción. Cómo te comportas en los retos y torneos, incluido quién evita medirse con otros, que dice mucho. Tu nivel en los simulacros, tus tarjetas de memoria y tu repaso espaciado, si sigues el plan o te has descolgado de él. Y compara tus datos, grano a grano, con los de los opositores que pasaron antes por aquí.

Llevamos tres años entrenando un modelo de aprendizaje automático —dentro de casa lo llamamos Proyecto Prometeo— que aprende de convocatorias reales de Policía Nacional y me dice, alumno por alumno, dónde hay que atacar. Y todo lo orquesta IZ10, un harness de inteligencia artificial que diseñé para reunir ese conocimiento en un solo cerebro: me entrega un informe de cada alumno que no se queda en los números, también lee lo emocional.

La parte que más me gusta es la más silenciosa: las alarmas. ¿Por qué este alumno que entraba todos los días y practicaba a diario ya no lo hace? Un cambio de patrón así me avisa de que ahí pasa algo, y de que toca prestar atención antes de que sea tarde.

Planificador de la Plataforma IZETA con el plan semanal de un alumno.

La máquina da la alarma. La llamada la hace una persona.

Dónde termina la máquina

Soy psicólogo antes que tecnólogo.

Podría automatizarlo casi todo; de hecho, una parte ya lo está, como el resumen semanal que cada alumno recibe con su estado. Pero delante de un problema personal lo que tiene que haber es una persona. Por eso cuando algún alumno lo necesita, su problema termina en el equipo de tutores, y muchas veces en mí.

Te cuento un caso reciente. El sistema me enseñó un patrón de desánimo en un alumno: estancado, mejorando menos de lo que esperaba, sin saber cómo enfocar el estudio. Le ofrecí mi ayuda y empezamos a trabajar juntos: supervisión semanal por correo, audios largos de WhatsApp cuando hacía falta —en estos casos es imposible no romper la barrera—, una videollamada al mes para ver exactamente cómo iba. Trazamos un plan analizando a fondo qué le ocurría y en dos meses pasó de alumno del montón a llegar al tramo final sabiendo perfectamente lo que lleva. Y lo más importante no sale en ninguna gráfica: recuperó la ilusión y la confianza en sí mismo.

Ese nivel de intervención personal no se puede vender en masa, porque mi tiempo da para muy pocos casos así, y por eso no lo verás como producto. La tecnología vigila a todos, todos los días; pero las personas aparecen cuando de verdad hacen falta. Y quien te contesta es un policía en activo que ya recorrió tu camino.

Mensaje de WhatsApp del alumno: «Ha sido tú poner el objetivo y ha explotado la cosa. Te agradezco mucho que me hayas cogido de tutorando».
El mensaje real del alumno de esta historia, tal cual llegó.

Mi postura sobre la IA

Jamás dejaré que una IA te haga los esquemas.

Sé lo que puede estar pensando quien ya ha visto mucha «academia con inteligencia artificial»: otro chatbot enchufado y vendido como la panacea. Y tiene motivos, porque hay mucha mediocridad ahí fuera. Mi postura es clara: la inteligencia artificial no está para ahorrarte trabajo cognitivo, está para ayudarte a desarrollarlo.

Por eso en IZETA no habrá una IA que te haga los esquemas ni los resúmenes. El esfuerzo de procesar la información es precisamente lo que la asienta en la memoria. En una oposición hay que memorizar bien, y eso solo ocurre cuando te rebanas los sesos jerarquizando un tema en tu cabeza, cuando pones a prueba tus errores y averiguas por qué te confundiste: ¿fallaba la comprensión?, ¿la memoria?, ¿la lectura de la pregunta?

El sistema te dice en qué dirección dar cada paso. El paso lo das tú. Esa es la diferencia entre una herramienta que te hace más fuerte y un atajo que te deja igual que estabas.

La estrategia

El día en que miras atrás y el camino sigue despejado.

Una oposición son meses o años, y el principio se hace cuesta arriba: aprender a estudiar de nuevo, verlo todo por primera vez, echarle una semana entera —o dos— a un solo tema. Pero cuando un alumno lleva tres o cuatro meses haciendo las cosas bien, algo se abre en su cabeza. Mira atrás y el camino que ha recorrido sigue ahí: no ha vuelto a crecer la hierba escondiendo la ruta. Todo lo que sudó sigue disponible, y lo que parecía imposible se va volviendo terreno conocido.

A eso juega IZETA. El método te dice qué toca hoy; esa es la táctica. El sistema trabaja en silencio para que llegue el día en que te descubras preparado; esa es la estrategia. Y entre las dos está el único ingrediente que no podemos poner nosotros: tu trabajo.

Jura de nuevos policías nacionales.